Planeta LiTeatrura

A principios de 2011, a orillas del río Cega, nació el Planeta LiTeatrura, un espacio que se nutre de mi experiencia docente, de mi labor como divulgadora de la cultura en distintos medios y de mi pasión por la literatura y el teatro. Si decides entrar en este planeta y notas que te falta el aire, no te apures y ponte en contacto de inmediato con alguno de sus habitantes. ¡Suerte!


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martes, 20 de noviembre de 2012

HAMLET DE LOS ANDES

    El pasado fin de semana la compañía boliviana Teatro de los Andes pasó por el Laboratorio de las Artes de Valladolid (LAVA) con su montaje  "Hamlet de los Andes", que merece mucho la pena ver. Esta es la crítica publicada en ABC, 19/11/2012: Sorprendente Hamlet:


“Hamlet de los Andes” de Diego Aramburo. Dirección: Diego Aramburo y Teatro de los Andes. Intérpretes: Lucas Achirico, Gonzalo Callejas y Alice Guimaraes. Sala Concha Velasco. LAVA. Valladolid.
Julia Amezúa

¿Quién es Hamlet?, ¿quién soy yo?, ¿quién eres tú?, ¿se puede vivir desarraigado?, ¿y si el fantasma del padre se niega a abandonarnos?, ¿hay elección entre ser o no ser?, ¿y si uno no es quien cree ser? Todas estas cuestiones, además de la traición, la venganza, la incertidumbre, el poder del teatro como despertador de conciencias, se plantean con talento y frescura en el montaje de los bolivianos Teatro de los Andes. Diego Aramburo (autor y director premiado en Bolivia) realiza una versión libre de la tragedia de Shakespeare, en la que la relación de Hamlet con su padre y Ofelia, la maldad de Claudio, la complicidad de Gertrudis, se conectan con las señas de identidad de la cultura andina. Pero este Hamlet instintivo y brutal, no responde solo al arapapita local, perdido en la ciudad boliviana entre vapores de alcohol, sino que en su desarraigo, herido de muerte en sus raíces, está muy próximo al hombre contemporáneo.
El resultado es un montaje de 90 minutos, de gran fuerza visual y dirección clara, que merece la pena ver. Pues nada sobra en esta puesta en escena en la que tres actores (en algunos momentos aparece un cuarto) se multiplican con energía y credibilidad, para interpretar diversos personajes y en la que se resuelven retos escénicos con un trabajo cuidado. Es el caso de la música en directo, del juego preciso de la luz que cobra importancia para matizar los movimientos internos de los personajes y marcar los espacios; con imaginación, se saca partido a los escasos elementos escenográficos, como las cortinas que se mueven para anunciar la llegada del espectro o la mesa, que tan pronto es caja mortuoria como tablero de crucifixión o carga y que esconde recovecos con los que juegan los actores. En conjunto, el montaje impacta y de modo particular escenas como la de Ofelia ahogándose en el caldero (el agua presente es fuente y término de vida), o la de Hamlet devorando el rostro de su padre o la divertida pelea entre los dos actores disfrazados de mujeres,  para interpretar el asesinato del rey Hamlet mientras dormía. Largos y merecidos aplausos. 




miércoles, 23 de mayo de 2012

DIAGNÓSTICO: HAMLET


http://www.youtube.com/watch?v=R5kuA5jcvvE
Subido por  el 08/11/2011

Miquel Gallardo presentó su montaje de títeres "Diagnóstico: Hamlet" en la última edición de Titirimundi, en Valladolid y Segovia. Puedes leer la crítica de teatro publicada hoy 23 de mayo en ABC (CyL):    "Encerrado" (ABC)


“Diagnóstico: Hamlet” de Miquel Gallardo. Compañía: Pelmanec Teatre.  Dirección: María Castillo. Intérprete: Miquel Gallardo. TITIRIMUNDI. Sala Concha Velasco. LAVA. Valladolid.

Julia Amezúa

              Después de “Don Juan. Memoria amarga de mí”, Miquel Gallardo recurre en “Diagnóstico: Hamlet”, presentado en Titirimundi 2012 en Valladolid y Segovia, a otro gigante de la literatura dramática universal. Todo es claustrofóbico y perturbador en el universo mental de Max Flaubert, un joven encerrado en la celda de un psiquiátrico, atormentado por traumas del pasado: la atracción sexual y el resentimiento hacia su madre, que evoca a la reina Gertrud de Dinamarca, la muerte repentina de su padre y la boda inmediata de la madre con el tío, que desencadenan en Max la duda y la sospecha de la traición. Pues los fantasmas del pasado irrumpen en el espacio reducido de la celda y el joven no tiene más remedio que esconderse dentro de un armario. Estas pesadillas que le persiguen de modo obsesivo son las marionetas de tamaño humano que representan a su madre o a su novia Ofelia o las imágenes proyectadas en  pantalla, que recuperan fragmentos del texto de Shakespeare y reflejan el espectro del padre que clama venganza.

              Asistimos, pues, a la ruptura y fragmentación psíquica de Max Flaubert,  que en busca de su identidad perdida, se desdobla en el príncipe Hamlet y en el psicólogo que le trata. Porque los traumas del pasado sin resolver, la duda existencial, el sentimiento de culpabilidad, se han apoderado de su cerebro con violencia y han abocado a Max a la locura y al aislamiento. En este sentido, se presenta muy bien el encerramiento físico y psíquico del personaje, que se refugia en el armario de la celda sobria, un espacio estrecho y completamente cerrado al contacto con el exterior. A su vez, su angustia y el desequilibrio mental se reflejan en el discurso compulsivo y desestructurado que mantiene Max con su doble. Gallardo arriesga, pues, con un montaje crudo y lo resuelve con habilidad, mediante la integración de las imágenes proyectadas en pantalla y el manejo con destreza y energía de las tres marionetas de tamaño humano, a las que dota de personalidad propia, con movimientos y voces diferentes.